Ciao bloggers! les dejo una publicacion que lei en un periodico muy conocido acá en Perú: "Perú21".
esta publicación es del reconocido periodista y escritor Jaime Bayly, lo publico por que para serles sincero núnca me había animado a leer ninguna de las publicaciones de ningún columnista de este periodico(ni de otro) y la verdad es que me agrado mucho, de hecho creo que leyendo esto conoci un poco mas al Jaime Bayly papá mas que al famoso personaje de television. Espero que como a mi, para ustedes sea de su agrado.
Desde ya me despido bloggers...ARRIVEDERCI!!!
De vez en cuando les escribo pero no hay respuesta.
Supongo que pronto me escribirá su madre pidiéndome dinero, ella suele recordarme con cariño en esas ocasiones.
Ya me resigné a la idea de que no las veré más.
Lo que duele no es tanto su silencio sino saber o intuir que ellas están más contentas haciendo su vida sin mí.
Todo el tiempo que fuimos amigos, diecisiete largos años, las eduqué en ejercitar su libertad y en no menoscabar nunca el amor propio y, ya veo, algo aprendieron a quererse y ser fuertes y saber lo que quieren y mandar al carajo a quien les estorba o las lastima, incluso si ese patán soy yo, su padre.
Les he mandado regalos, dinero y no pocos correos pidiéndoles perdón, pero todo es en vano, por lo visto no me perdonan, no quieren perdonarme o no pueden perdonarme.
Quién podría culparlas, yo recién perdoné a mi padre cuando ya había muerto, tal vez ellas me perdonen cuando yo muera, tengo mis dudas al respecto, puede que les resulte más conveniente fatigar el rencor y odiar al padre como políticas de supervivencia.
No me queda tan claro por qué mis hijas mayores y su madre siguen molestas conmigo.
Supongo que es porque las eché de mala manera de mis departamentos en Lima.
Hice mal, fue un error, cometí una torpeza mayúscula que estoy pagando.
Les he pedido disculpas en privado y en público y vuelvo a ofrecerles mis disculpas públicas por ese penoso incidente.
Más no puedo hacer. Lo que pasó, pasó y ya no puede cambiarse por mucho que uno se arrepienta y se flagele. Solo cabe a estas alturas pedir disculpas y esperar que la otra parte comprenda y perdone. Pero si la otra parte no perdona, tampoco conviene sufrir más de lo que ya resulta inevitable, es bueno que uno mismo comprenda por qué pasaron las cosas y que uno sepa perdonarse y siga disfrutando de los días que quedan por delante.
Así como sospecho que mis hijas mayores son felices organizando sus vidas con absoluta prescindencia de mí, yo las he extrañado todo este año sin verlas pero no por eso he sido infeliz, ha sido un año bueno y he elegido pasarla bien con mi mujer y mi hija menor en esta isla en la que me siento en casa.
No estoy tan seguro de que mis hijas y su madre se molestaron conmigo porque las boté de mi casa con pésimos modales. Tengo mis dudas. Ya estaban molestas conmigo antes de que las echase de mi casa. Estaban molestas y no me hablaban porque me había enamorado de mi chica y no ocultaba ese amor y lo contaba con alegría en televisión y porque mi chica había quedado embarazada.
Fue entonces cuando todo se fue al carajo con mis hijas y su madre. Mis hijas detestaban a mi novia, la madre de mis hijas la insultaba a gritos día por medio, mis hijas y su madre no me abrían la puerta de mi propia casa, la madre de mis hijas montaba unas escenas de celos y despecho que me resultaban insoportables y del todo injustas porque yo estaba divorciado de ella hacía más de diez años y porque no teníamos ninguna clase de intimidad erótica hacía más de diez años y porque ella no se había privado de tener sus aventuras sentimentales ni yo las mías y porque yo había sido bastante generoso (pudiendo no hacerlo) en comprar unos departamentos para que ella y nuestras hijas viviésemos juntos, por lo visto demasiado juntos, más de lo que convenía, un peligro del que advertí a tiempo a mi ex esposa, pero ella quiso imprudentemente venir a vivir a mi casa y luego, ya viviendo en mi casa cuando tenía otra casa en la que bien pudo haberse quedado, pensó que, como vivía conmigo y tenía dos hijas conmigo, podía recortar mi libertad y prohibirme ver a la persona de la que me había enamorado y además insultar a esa persona a la que yo sentía que amaba y ahora siento que amo aún más.
Nada disculpa la tontería que hice. Debí encajar los golpes con aplomo. Debí preservar la calma. Debí perdonar los desaires y los insultos y las humillaciones. Debí entender que ir a la guerra sería sangriento para todos pero en particular para mí. Debí venirme a la isla con mi chica embarazada y dejar viviendo en mi casa de Lima a mis hijas mayores y su madre aunque ellas me odiasen y no quisieran verme y solo me recordasen por cosas de dinero.
Pero no lo hice porque no soy un santo ni un hombre virtuoso o ejemplar y cuando me pegan y se meten con mi libertad, pierdo los modales y tomo represalias que a la distancia se ven excesivas pero que en su momento parecieron una manera de hacer justicia y poner las cosas en su lugar: simplemente no me parecía justo que mi ex esposa se tomara la licencia de vivir en mi casa y, al mismo tiempo, insultar sistemáticamente a la mujer embarazada de la cual yo estaba enamorado.
Si todo volviera a ocurrir, trataría de no molestarme, trataría de reírme de las cosas que tanto me molestaron, pero las cosas pasan como tienen que pasar y ya está, yo estuve mal, claro que estuve mal, pero ¿no hubiera sido todo más fácil y amigable si mi ex esposa hubiese tratado con cariño a mi chica embarazada y les hubiese dicho a nuestras hijas que la niña que estaba por nacer era su hermana a la que ellas debían querer y no una enemiga de baja estofa a la que ellas debían odiar o despreciar?
Yo no le retiré mi amistad a mi ex esposa cuando ella se enamoró no una sino varias veces ya estando divorciados, solo que como ella no es escritora ni sale en televisión la gente no se enteró de sus amores encubiertos, pero yo sí me enteré y no salí a insultar a sus amantes de entonces ni a insultarla a ella y con seguridad no hubiese reaccionado a la tremenda si ella hubiera quedado embarazada de algún novio, pero cuando me tocó a mí enamorarme, entonces ella perdió la calma, se abandonó a la vulgaridad de las pasiones contrariadas, se olvidó de ser mi amiga, pateó el tablero y desató una lluvia de insultos y desmesuradas peticiones económicas que, por desgracia, me hicieron perder la paciencia y pedirle en privado y en público (tal es mi estilo y al que no le guste, que se aleje de mí: yo soy un escritor y lo cuento todo, en especial todo lo malo) que se fuera de mi casa.
Pero no las eché a la calle, qué ocurrencia. Podían volver a la casa en los suburbios donde tan cómodamente vivieron muchos años, gracias a mi invariable y no podría decirse que mezquina asistencia económica. Podían alquilarse el mejor departamento de la ciudad con el dinero que transferí a la madre de mis hijas cuando le pedí que se fuera de mi casa, casi doscientos mil dólares a ser gastados solo este año que ya termina. Ya quisiera yo que alguien me dijese: no puedes quedarte más en mi casa, debes irte, acá tienes doscientos mil dólares para este año y luego me pides más. No creo que eso califique en rigor como echar a alguien a la calle, y así como reconozco que me porté mal echando de mi casa a mis hijas mayores y a su madre, también creo que siempre me he preocupado por darles todo el dinero que necesitan y más también, incluso cuando he estado furioso con ellas, y no pido que se me agradezca por eso, es lo que me corresponde, aunque siempre les he dado bastante más de lo que me corresponde legalmente, sobre todo a la madre de mis hijas mayores, que se ha pasado media vida dándose todos los lujos que le apetecían a expensas de mi generosidad, habida cuenta de la tacañería de su madre y de la enfermedad de su padre.
Pero ya está, ya fue, todo esto suena a excusas tardías e inútiles.
Lo cierto es que hace más de un año no veo a mis hijas mayores y es muy probable que pase otro año sin verlas.
Yo quiero verlas, estoy dispuesto a verlas cuando ellas quieran y con su madre si así ellas lo prefieren, solo que no quiero ir a verlas al Perú, prefiero verlas fuera del Perú porque no me provoca ir a ese país que me recuerda a la infelicidad, yo las invito adonde ellas quieran y si quieren que vaya solo, sin mi esposa y mi hija menor, iré solo, por supuesto, no quisiera incomodarlas más.
Pero presiento que esa reunión no habrá de ocurrir pronto y entonces no me queda sino desear que mis hijas mayores y su madre sean felices (y si para ello necesitan odiarme, que me odien con ferocidad, no se repriman) y desear, al mismo tiempo, que yo acabe de acostumbrarme a este curioso desafío que me ha impuesto el destino, el de estar tranquilo y contento sin dos personas con las que siempre asocié la felicidad, mis hijas mayores, que Dios las bendiga y si no volvemos a vernos, espero que podamos vernos en alguna otra vida y que ya entonces no haya rencores y ellas tengan ganas de darme un abrazo como el que yo tengo ganas de darle a mi padre.
esta publicación es del reconocido periodista y escritor Jaime Bayly, lo publico por que para serles sincero núnca me había animado a leer ninguna de las publicaciones de ningún columnista de este periodico(ni de otro) y la verdad es que me agrado mucho, de hecho creo que leyendo esto conoci un poco mas al Jaime Bayly papá mas que al famoso personaje de television. Espero que como a mi, para ustedes sea de su agrado.
Desde ya me despido bloggers...ARRIVEDERCI!!!
"UN AÑO SIN ELLAS"
Hace más de un año no veo a mis hijas mayores.De vez en cuando les escribo pero no hay respuesta.
Supongo que pronto me escribirá su madre pidiéndome dinero, ella suele recordarme con cariño en esas ocasiones.
Ya me resigné a la idea de que no las veré más.
Lo que duele no es tanto su silencio sino saber o intuir que ellas están más contentas haciendo su vida sin mí.
Todo el tiempo que fuimos amigos, diecisiete largos años, las eduqué en ejercitar su libertad y en no menoscabar nunca el amor propio y, ya veo, algo aprendieron a quererse y ser fuertes y saber lo que quieren y mandar al carajo a quien les estorba o las lastima, incluso si ese patán soy yo, su padre.
Les he mandado regalos, dinero y no pocos correos pidiéndoles perdón, pero todo es en vano, por lo visto no me perdonan, no quieren perdonarme o no pueden perdonarme.
Quién podría culparlas, yo recién perdoné a mi padre cuando ya había muerto, tal vez ellas me perdonen cuando yo muera, tengo mis dudas al respecto, puede que les resulte más conveniente fatigar el rencor y odiar al padre como políticas de supervivencia.
No me queda tan claro por qué mis hijas mayores y su madre siguen molestas conmigo.
Supongo que es porque las eché de mala manera de mis departamentos en Lima.
Hice mal, fue un error, cometí una torpeza mayúscula que estoy pagando.
Les he pedido disculpas en privado y en público y vuelvo a ofrecerles mis disculpas públicas por ese penoso incidente.
Más no puedo hacer. Lo que pasó, pasó y ya no puede cambiarse por mucho que uno se arrepienta y se flagele. Solo cabe a estas alturas pedir disculpas y esperar que la otra parte comprenda y perdone. Pero si la otra parte no perdona, tampoco conviene sufrir más de lo que ya resulta inevitable, es bueno que uno mismo comprenda por qué pasaron las cosas y que uno sepa perdonarse y siga disfrutando de los días que quedan por delante.
Así como sospecho que mis hijas mayores son felices organizando sus vidas con absoluta prescindencia de mí, yo las he extrañado todo este año sin verlas pero no por eso he sido infeliz, ha sido un año bueno y he elegido pasarla bien con mi mujer y mi hija menor en esta isla en la que me siento en casa.
No estoy tan seguro de que mis hijas y su madre se molestaron conmigo porque las boté de mi casa con pésimos modales. Tengo mis dudas. Ya estaban molestas conmigo antes de que las echase de mi casa. Estaban molestas y no me hablaban porque me había enamorado de mi chica y no ocultaba ese amor y lo contaba con alegría en televisión y porque mi chica había quedado embarazada.
Fue entonces cuando todo se fue al carajo con mis hijas y su madre. Mis hijas detestaban a mi novia, la madre de mis hijas la insultaba a gritos día por medio, mis hijas y su madre no me abrían la puerta de mi propia casa, la madre de mis hijas montaba unas escenas de celos y despecho que me resultaban insoportables y del todo injustas porque yo estaba divorciado de ella hacía más de diez años y porque no teníamos ninguna clase de intimidad erótica hacía más de diez años y porque ella no se había privado de tener sus aventuras sentimentales ni yo las mías y porque yo había sido bastante generoso (pudiendo no hacerlo) en comprar unos departamentos para que ella y nuestras hijas viviésemos juntos, por lo visto demasiado juntos, más de lo que convenía, un peligro del que advertí a tiempo a mi ex esposa, pero ella quiso imprudentemente venir a vivir a mi casa y luego, ya viviendo en mi casa cuando tenía otra casa en la que bien pudo haberse quedado, pensó que, como vivía conmigo y tenía dos hijas conmigo, podía recortar mi libertad y prohibirme ver a la persona de la que me había enamorado y además insultar a esa persona a la que yo sentía que amaba y ahora siento que amo aún más.
Nada disculpa la tontería que hice. Debí encajar los golpes con aplomo. Debí preservar la calma. Debí perdonar los desaires y los insultos y las humillaciones. Debí entender que ir a la guerra sería sangriento para todos pero en particular para mí. Debí venirme a la isla con mi chica embarazada y dejar viviendo en mi casa de Lima a mis hijas mayores y su madre aunque ellas me odiasen y no quisieran verme y solo me recordasen por cosas de dinero.
Pero no lo hice porque no soy un santo ni un hombre virtuoso o ejemplar y cuando me pegan y se meten con mi libertad, pierdo los modales y tomo represalias que a la distancia se ven excesivas pero que en su momento parecieron una manera de hacer justicia y poner las cosas en su lugar: simplemente no me parecía justo que mi ex esposa se tomara la licencia de vivir en mi casa y, al mismo tiempo, insultar sistemáticamente a la mujer embarazada de la cual yo estaba enamorado.
Si todo volviera a ocurrir, trataría de no molestarme, trataría de reírme de las cosas que tanto me molestaron, pero las cosas pasan como tienen que pasar y ya está, yo estuve mal, claro que estuve mal, pero ¿no hubiera sido todo más fácil y amigable si mi ex esposa hubiese tratado con cariño a mi chica embarazada y les hubiese dicho a nuestras hijas que la niña que estaba por nacer era su hermana a la que ellas debían querer y no una enemiga de baja estofa a la que ellas debían odiar o despreciar?
Yo no le retiré mi amistad a mi ex esposa cuando ella se enamoró no una sino varias veces ya estando divorciados, solo que como ella no es escritora ni sale en televisión la gente no se enteró de sus amores encubiertos, pero yo sí me enteré y no salí a insultar a sus amantes de entonces ni a insultarla a ella y con seguridad no hubiese reaccionado a la tremenda si ella hubiera quedado embarazada de algún novio, pero cuando me tocó a mí enamorarme, entonces ella perdió la calma, se abandonó a la vulgaridad de las pasiones contrariadas, se olvidó de ser mi amiga, pateó el tablero y desató una lluvia de insultos y desmesuradas peticiones económicas que, por desgracia, me hicieron perder la paciencia y pedirle en privado y en público (tal es mi estilo y al que no le guste, que se aleje de mí: yo soy un escritor y lo cuento todo, en especial todo lo malo) que se fuera de mi casa.
Pero no las eché a la calle, qué ocurrencia. Podían volver a la casa en los suburbios donde tan cómodamente vivieron muchos años, gracias a mi invariable y no podría decirse que mezquina asistencia económica. Podían alquilarse el mejor departamento de la ciudad con el dinero que transferí a la madre de mis hijas cuando le pedí que se fuera de mi casa, casi doscientos mil dólares a ser gastados solo este año que ya termina. Ya quisiera yo que alguien me dijese: no puedes quedarte más en mi casa, debes irte, acá tienes doscientos mil dólares para este año y luego me pides más. No creo que eso califique en rigor como echar a alguien a la calle, y así como reconozco que me porté mal echando de mi casa a mis hijas mayores y a su madre, también creo que siempre me he preocupado por darles todo el dinero que necesitan y más también, incluso cuando he estado furioso con ellas, y no pido que se me agradezca por eso, es lo que me corresponde, aunque siempre les he dado bastante más de lo que me corresponde legalmente, sobre todo a la madre de mis hijas mayores, que se ha pasado media vida dándose todos los lujos que le apetecían a expensas de mi generosidad, habida cuenta de la tacañería de su madre y de la enfermedad de su padre.
Pero ya está, ya fue, todo esto suena a excusas tardías e inútiles.
Lo cierto es que hace más de un año no veo a mis hijas mayores y es muy probable que pase otro año sin verlas.
Yo quiero verlas, estoy dispuesto a verlas cuando ellas quieran y con su madre si así ellas lo prefieren, solo que no quiero ir a verlas al Perú, prefiero verlas fuera del Perú porque no me provoca ir a ese país que me recuerda a la infelicidad, yo las invito adonde ellas quieran y si quieren que vaya solo, sin mi esposa y mi hija menor, iré solo, por supuesto, no quisiera incomodarlas más.
Pero presiento que esa reunión no habrá de ocurrir pronto y entonces no me queda sino desear que mis hijas mayores y su madre sean felices (y si para ello necesitan odiarme, que me odien con ferocidad, no se repriman) y desear, al mismo tiempo, que yo acabe de acostumbrarme a este curioso desafío que me ha impuesto el destino, el de estar tranquilo y contento sin dos personas con las que siempre asocié la felicidad, mis hijas mayores, que Dios las bendiga y si no volvemos a vernos, espero que podamos vernos en alguna otra vida y que ya entonces no haya rencores y ellas tengan ganas de darme un abrazo como el que yo tengo ganas de darle a mi padre.
Jaime Bayly